sábado, 7 de marzo de 2009

Porque soy psicólogo

El teatro es un espacio donde la mente se une con el cuerpo dejando de lado toda preocupación cotidiana. Pocas personas que se atreven a aventurarse en este mundo nuevo, lleno de momentos que sólo son posibles en nuestra imaginación. Pero si decidimos arriesgarnos en esta experiencia, en “La Bancaria” –San Luis 2069- Mariano Moro estará esperando para cortar nuestro boleto y dar comienzo a la obra.

-¿Por qué, siendo psicólogo, te decidiste por ser autor y director de teatro?
Yo quería ser actor y paralelo a mi carrera universitaria comencé a estudiar teatro. Empecé con Psicología porque sentía inquietud por ciertas cosas, como las relaciones humanas, los afectos, la inteligencia, los conflictos, la individualidad. Ahora las traslado al espacio del teatro. Cuando me recibí de psicólogo tenía un profundo deseo de dedicarme al teatro, ¡Y guardar el título de psicólogo!

-La Psicología, ¿te dio respuestas?
No, me dio más preguntas. En la vida nos vamos encontrando con más incertidumbres. Lo que uno puede llegar a aprender en esta profesión es a tolerar mejor esta perplejidad en la que la vida nos ubica. Se aprenden cosas del oficio. Cuando yo empecé a trabajar me encontré con dificultades que ahora ya no tengo, es lo que me permite ir más lejos superando ignorancias.

-¿Recibiste quejas por tu trabajo?
Es raro que alguien te diga las cosas a la cara. La hipocresía impera soberanamente. En el periodismo he tenido pocas críticas negativas, por lo general fueron elogiosas.
No es común que alguien se comprometa tanto en “tu” trabajo como para decirte algo que verdaderamente valga la pena. Para ser un buen crítico hay que ser un cerebro privilegiado, tener una cultura muy importante y saber de lo que se esta hablando; y eso no abunda.

-Además de actuar y dirigir ¿Has hecho otras cosas en el teatro?
He hecho muchas cosas. Hice la coreografía -con la colaboración de los bailarines- de dos obras (“Libertad en danza” y “refugio de pecadores”). A mi la danza me interesa mucho. También, muchas veces me encargué de la escenografía

-¿Te gustaría interpretar alguna de tus obras?
Lo hice al principio, no era un actor bueno para mi criterio y perdí el deseo. Uno cambia con el tiempo. Cuando es adolescente tiene ganas de que lo vean y eso mueve a mucha gente a querer actuar. Luego se me fue apagando. También es muy difícil dirigirse a uno mismo y actuar, aunque hay gente que lo hace muy bien. Un ejemplo es Moliere, quien fue un excelente dramaturgo y un muy buen actor, según los testimonios de la época.

-¿Qué sentiste cuando tus obras viajaron a España y además fueron premiadas?
Fue una experiencia muy buena. Yo trabajo mucho sobre el idioma, y eso es valorado en España. Además fui en compañía de buenos actores.
Cuando llevas tu trabajo a otros lugares dependes de cómo te reciban. Te podes encontrar con una sala llena o con tres personas y a nosotros nos paso de todo. Pero el público español es gente muy atenta y educada en el teatro.

-¿Te costó vivir del teatro?
Me costo y me cuesta. Si yo hago algo que no le gusta a la gente, voy a pasar hambre. Esta profesión siempre fue de muchísima inestabilidad. Que te vaya bien en un momento no es ninguna garantía de que siga siendo así.

-¿La gente capta lo que vos queres decir?
Yo siento que me comunico con la gente. De hecho, aquí en Mar del Plata lo compruebo con tanta gente que siempre viene a ver las cosas que hago. El teatro no es para que el otro entienda algo, no tengo esa pretensión a la hora de hacer mis espectáculos. Básicamente, a la gente le tiene que gustar. Más que el valor de la entrada, yo valoro el tiempo que la gente aporta para sentarse, mirar y escuchar lo que vos preparaste, por eso la obra debe ser valiosa para el espectador.

-¿Resulto difícil armar “Quien lo probó lo sabe”?
Me costo muchísimo estudio. Es la única de mis obras que se basa en la vida de una persona que en realidad existió, cuya vida ha sido documentada y que era dueño de un espíritu muy particular. Quería ser muy fiel a todas esas características de Lope de Vega, logrando un espectáculo contundente. Quería mostrar a ese personaje de la literatura sin modificarlo ni pervertirlo. La obra me llevo 3 años de armado y 6 meses pero ensayando, todos los días cinco horas. Mariano Mazzei, el protagonista, logro algo increíble, logro meterse en el papel. “Quien lo probo lo sabe” resulto ser más de lo que alguna vez me hubiera imaginado.

-¿Qué sentís cuando ves una de tus obras?
Siento muchas cosas. Felicidad cuando sale bien; dolor cuando no sale tan bien como yo quería; nervios cuando estoy de estreno; odio cuando la gente tose, habla por teléfono o pela un caramelo. Son muchas cosas las que siento, el teatro es lo más parecido a la vida; y como un extracto de la vida potencia ciertas cosas.
C. Castillo y S. Rodríguez